Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


Cuestión de respeto

06/03/2017
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Porque el Estado no ha avanzado en profundizar la paz a través de normas, debates e incluso acciones judiciales, se dan situaciones que en otras circunstancias serían increíbles. Las guerras dejan heridas y, por supuesto, herencias de brutalidad. Una tradición irenista, que tiende a decir que aquí no ha pasado nada o que todos fueron buenos o malos, lo único que hace es perpetuar rencores, odios y desacuerdos. La objetividad en el análisis histórico, la presentación de pruebas, el debate público, la deducción de responsabilidades de quienes estaban en el poder mientras la barbarie se apoderaba de las calles son acciones indispensables para que un pueblo asuma su historia y comience a vivir en paz. Exaltar a personas que utilizaron el poder político contra la libertad de pensamiento, expresión u organización; darle honores a quienes se mantuvieron impasibles ante crímenes atroces, o los alentaron y justificaron, ni honra realmente a los muertos ni respeta a los vivos.

La semana pasada se le dio honores de jefe de Estado durante su entierro a Humberto Romero, un militar que llegó a la Presidencia fraudulentamente y durante cuyo mandato se cometieron graves crímenes que siguen en la impunidad. A los reclamos de la oposición que denunciaba un fraude electoral en 1977, el general Romero respondió con el establecimiento de un estado de sitio. Durante los años que estuvo en el poder, la Fuerza Armada y el Gobierno en general fueron acusados sistemáticamente de terrorismo de Estado. También hace poco, en una acera del Paseo del Carmen, de Santa Tecla, fue colocada una loseta con el nombre de Roberto D’Aubuisson, en calidad de hijo ilustre de la ciudad, junto a otras personas. Pese a estar señalado en el informe de la Comisión de la Verdad como autor intelectual del asesinato de monseñor Romero, se insiste —incluso a la fuerza— en rendirle culto. Un tercer caso: en el juicio en Estados Unidos contra el general José Guillermo García, se presentaron datos de más de cincuenta masacres ocurridas durante los años que fue ministro de Defensa. Sin embargo, acá en el país, se acumulan enormes obstáculos para abrirle juicio. La falta de investigación seria y la impunidad tienen entre nosotros más fuerza que el deseo de verdad.

Este tipo de situaciones nos habla de la necesidad de un nuevo acuerdo nacional, tanto cultural como judicial. La Sala de lo Constitucional ha recomendado con claridad seguir pautas de justicia transicional en la revisión de nuestro pasado. Moverse en esa dirección es esencial, así como también llegar a un entendimiento básico sobre nuestra historia. No debe tratarse como ejemplares a personas que colaboraron, disimularon, encubrieron o animaron crímenes. La historia del pueblo salvadoreño y sus múltiples víctimas merece el respeto de todos. No debe ensalzarse como prohombres a quienes propiciaron que la sangre y el crimen fratricida tuvieran cruel peso sobre la dinámica social.

No son pocos los países que ante hechos históricos que dividieron a su población han legislado en contra de magnificar a protagonistas de autoritarismo, represión del pensamiento y la opinión, y terrorismo de Estado. Un acuerdo de ese estilo en El Salvador sería un verdadero paso hacia la convivencia pacífica. Y mostraría una voluntad de fraternidad muy superior al discurso reconciliatorio o a la exaltación de los Acuerdos de Paz, hasta hoy carentes de coherencia con una visión crítica de nuestra historia. Todos los muertos merecen respeto y descansar en paz. A unos hay que ubicarlos en la cultura nacional como personas ejemplares; a otros toca dejarlos al margen, para que la paz pueda echar raíces. Solo así, desde el respeto a El Salvador y a todos los salvadoreños, construiremos un mejor país.


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Comentarios

Joel Lopez Erazo
07/03/2017 10:21:47 AM




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Definitivamente El Salvador es un país polarizado y dividido en pensamiento e ideología muestra de ello es este articulo, donde no se critica que tengamos un monumento a Sandino ni a Shafic Handal, ni que le celebren misa a un violador de los derechos humanos como fue el presidente venezolano, para avanzar se debe comenzar a respetar las distintas creencias e ideologías porque para un sector de la población (mas del 50%) a los que unos llaman asesinos otros los consideran patriotas, si queremos avanzar los que generan opinión deben evitar lanzar veneno como las serpientes y respetar la forma de pensar de otros



Rafael Castro.
07/03/2017 06:53:22 AM



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El general Romero asumió la presidencia el 1 de julio de 1977. Respondió a las denuncias de la oposición por "fraude electoral" con la declaración de estado de sitio durante treinta días y puso en marcha un gobierno rígidamente conservador. La violencia gubernamental (terrorismo de Estado) fue una constante durante el tiempo que fungió la presidencia. Las diferentes fuerzas policiales, militares y paramilitares pro gubernamentales impulsaron una campaña de sangrienta represión hacia la población organizada que acabó con la vida de 4 sacerdotes católicos y numerosos dirigentes y militantes de las organizaciones obreras y campesinas. Los grupos de izquierda, alzados en armas respondieron a la violencia ejercida por el Estado con ataques hacia los cuerpos de seguridad y a los funcionarios gubernamentales. La represión descontrolada sumergió al país en una grave crisis social. El presidente Romero fue derrocado por un golpe de estado por un grupo de militares jóvenes.



Marvin Heredia
06/03/2017 06:31:01 PM



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Terrorismo de estado=desigualdad, cuantos años han pasado y al parecer el que va llegando al gobierno, se va contaminando, que dificil es para el que tiene poder mantenerse al margen de la injusticia y de la discriminacion




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