Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


¿Policía y Fiscalía contra la juventud?

22/03/2017
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La larga historia de violencia e inseguridad del país, y el deseo de controlarlas, ha llevado a las autoridades a aplicar una política cada vez más dura en la persecución y trato de posibles delincuentes y de todo aquel sospechoso de pertenecer o colaborar con alguna de las pandillas. Y ello se ha traducido en una situación de acoso contra la juventud de ciertos barrios y zonas. En la práctica, en sus operativos, la PNC y la Fuerza Armada consideran delincuentes a todos los jóvenes que viven en áreas controladas por pandillas. El maltrato hacia ellos, extensivo a sus familiares y vecinos, es intolerable y supone una verdadera violación a los derechos humanos. No por casualidad la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos ha recibido miles de denuncias contra la Policía; la corporación se ha convertido así en la principal institución acusada de violar derechos humanos en el país.

La guerra del Gobierno contra las pandillas se lleva de encuentro a muchas personas que nada tienen que ver con esos grupos delictivos. Los casos que ejemplifican esta afirmación son numerosos y están bien documentados por distintas organizaciones defensoras de los derechos humanos. Ser joven en El Salvador, vivir en zonas marcadas por el actuar de las pandillas, caerle mal a un policía o simplemente estar en el lugar equivocado en el momento equivocado es suficiente para ser víctima de abuso policial. Toda la ciudadanía, sin excepción alguna, tiene derechos, los cuales deben ser respetados, sin excepción alguna, por la PNC, el Ejército y cualquier otra autoridad. La persecución del delito no puede justificar ningún tipo de violación a derechos humanos ni el maltrato a la juventud. El principio de presunción de inocencia (todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario) tiene que prevalecer; la Policía tiene la obligación de realizar investigaciones serias y profundas respetando dicho principio.

Se ha vuelto común que para facilitar la detención de los jóvenes se les acuse de portación de armas o de posesión y tenencia de drogas, que en no pocos casos les son colocadas por los mismos agentes. Las acusaciones por estos delitos se han incrementado en el último año, y la razón es simple: ello les garantiza a las autoridades la detención del supuesto delincuente hasta que un juez otorga el fallo correspondiente. Ante estos abusos y arbitrariedades, la Fiscalía General de la República tendría que investigar con detenimiento cada caso y constatar sin asomo de duda que las acusaciones que recibe por parte de la PNC son apegadas a la verdad y al derecho. La Fiscalía no le puede creer a la Policía todo lo que dice. En el proceso se deben tener en cuenta las declaraciones de los jóvenes y las pruebas de arraigo que ellos presentan a través de sus abogados, así como los testimonios de personas honorables que conocen bien a los acusados y dan fe de su inocencia. No son pocos los fiscales que siguen el proceso iniciado por la PNC sin tomarse la molestia de dudar del testimonio de los agentes involucrados, aun cuando hay indicios claros de que se busca encarcelar a inocentes. La Fiscalía no puede hacerle el juego a una Policía que en lo que toca a la juventud está tomando una posición antidemocrática y discriminativa.

Si ser joven ya es difícil en El Salvador, pues las oportunidades de estudio y de empleo son escasas, la violencia y el acoso de las pandillas han llevado la situación al límite, especialmente cuando se vive en la pobreza y la exclusión. La juventud de los barrios pobres ha sido estigmatizada. No solo se le niega la posibilidad de estudiar o trabajar, sino que corre el peligro de ser víctima tanto de las pandillas como de las autoridades, que en lugar de protegerla la maltratan y la judicializan, con pruebas o sin ellas. Esto debe parar cuanto antes. El Gobierno debe girar instrucciones claras para que la Policía no siga con estas prácticas, que no solo suponen graves violaciones a derechos humanos, sino que profundizan el problema de la violencia y la descomposición social.


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Comentarios

Rafael Castro
30/03/2017 12:00:54 PM




La estigmatización llega a las poblaciones donde vivimos.Nuestros parientes en la zona oeste de San Salvador nos dicen que cambiemos de casa, que aquí hay matanzas todos los días(tal como lo han leído en la prensa amarillista), mientras nosotros y nuestros hijos estamos trabajando, yendo a las escuelas, realizando nuestros ejercicios diarios sin que veamos a ningún pandillero. A raíz del morbo periodístico hacia nuestras ciudades como Soyapango, las propiedades han bajado de valor y nadie quiere comprarlas, los amigos que nos visitan actúan con temor y temen que les roben los vehículos o no le permitan entrar a nuestras colonias, como propagandizan los mismos de siempre. Por otro lado se olvidan de que la delincuencia común nunca se detiene, más ahora que las calles están solas, por el temor de la policía a que asesinen a sus miembros. Desorden vehicular, robos en las calles están a la orden del día por la ausencia policial. Lo han notado?.No hay policías en las calles.



derechos_humanos
24/03/2017 09:55:56 AM



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1
Pocos votos, para tan importante tema. Pocos comentarios...Ojalá que no sea porque la PNC y su Comisionado son muy temidos como l muerte que llega de noche... tal como fueron temidas las despiadadas GN, PH y PN de las epocas oscuras y represivas de los 60-90...O tal vez la población tema que le hagan un "tracking" de sus direcciones IP. Quién sabe. Pero si realmente la PNC y su ex.guerrillero comisionado fueran así percibidos, pues qué retroceso! Si se suponía que la Policía Nacional Civil debía estar para servir al pueblo, generando confianza y apoyo, no para reprimirlo.



osvamo77
22/03/2017 11:18:32 PM



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Un par de citas para que aquellos que se gozan del exterminio de jóvenes reflexionen. Ya que se gozan del pecado contra Dios, que lleva a la muerte. Su apoyo a los abusos policiales es comprensible, pero injustificable, lamentable. Porque de seguro que en el seno de sus familias también hay actos de violencia. De P. Lüers a H. Coto: "...Para matar, tu tropa es dos veces más efectiva que para arrestar... El objetivo...ya no es...la detención del delincuente, sino su eliminación. Vos sos exguerrillero... y...sabemos que enfrentamientos que producen 2 veces más muertos que detenidos corresponden a operativos militares, no policiales..." Finalmente, una declaración de un líder pandillero a El Faro: "Cuando nos matan a uno...rápido viene el hijo..., y el sobrino, y el hermano?personas que no se quisieron meter en la pandilla, pero que lo hacen cuando saben cómo la Policía ha matado a su familiar o a su amigo...Nos matan a uno, pero dejan a tres resentidos más..."



Ocupado77
22/03/2017 10:30:35 PM



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Yo conozco al menos una pobre esposa que, ganando el mínimo hace hasta lo imposible por liberar a su esposo, detenido injustamente. El pobre hombre está al borde de perder la razón al estar en una escuela de criminales (Mariona). Ya fue vapuleado y vejado allí. Ojalá que pronto el que vaya a Mariona sea Howard Coto, como autor intelectual de crímenes de lesa humanidad. Howard sabe lo que están haciendo los policías, pero es un cobarde, o un rufián que no quiere detener estas injusticias...Olvida que Dios arruina los planes de los malvados. Howard probablemente sea un ex-guerrillero con una mente distorsionada por la violencia de la guerra. O un criminal bien pagado. Pero lo más lamentable son los miles de "¿buenos?" compatriotas que se alegran con el exterminio. No se dan cuenta que el exterminio trae el resentimiento de los que son y de los que no son pandilleros. No saben que están aplaudiendo el inicio de un mal peor para sus hijos y familiares...Qué pena!




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