Universidad Centroamericana José Simeón Cañas


"Puede ser que el predominio de Arena y el FMLN esté llegando a su final"

03/05/2018
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Los resultados de las elecciones del 4 de marzo dejaron en evidencia un descontento ciudadano con los partidos y la política en general. En los análisis posteriores a los comicios, se hizo énfasis en las consecuencias para los dos principales partidos, pero ¿qué se puede decir del comportamiento electoral de la ciudadanía?, ¿hubo un voto de castigo?, ¿qué mensaje envían los votos nulos y el ausentismo? Álvaro Artiga, catedrático del Departamento de Sociología y Ciencias Políticas, da respuestas a estas interrogantes y comenta sobre un posible escenario político que contemple una tercera fuerza.

 
En términos generales, ¿cuáles son los aspectos más relevantes del comportamiento electoral de la ciudadanía en la votación del 4 de marzo?

Sigue la tendencia al descenso en la participación electoral. Tal vez no cayó como se pensaba, que fuera menos del 40%, pero estamos en el 41%, a tres puntos de la menor participación en este tipo de elecciones, al menos desde 1997. Esto puede estar indicando un cierto cansancio o descrédito de los actores políticos, como lo anunciaban las encuestas.

Respecto a los ciudadanos que fueron a votar, encontramos dos bloques. El primero, aquellos que anularon el voto, con lo que significativamente aumentó la cantidad de votos nulos, sin que implicara una posibilidad de anular las elecciones. Pero que haya más de 140 mil votos nulos, bastante más que en elecciones anteriores, manda un mensaje más claro que aquellos que no fueron a votar: no están conformes con la oferta partidista.

Y ya dentro de los que votaron de manera válida, sobresale un incremento del voto por rostro, lo cual también es importante destacarlo, porque está mostrando un cierto aprendizaje de la población para usar el sufragio de manera más eficaz. Aunque la incidencia sea pequeña, pues significa solamente un cambio en cuanto a persona electa, es un mensaje que lo asumen quienes son electos con el voto por rostro, porque saben que la ciudadanía cada vez se orienta más por lo que hacen y no por la marca partidista.

Finalmente, el aspecto que más se ha mencionado, la disminución en votos de los dos principales partidos, aunque con mayor magnitud en el caso del Frente. Una caída de entre 300 y 400 mil votos solo en términos de elecciones legislativas para el FMLN es una pérdida importante.

 

¿Cómo se explica esa disminución de electores para los dos principales partidos?

Sin consultares directamente, es bien difícil atribuir una intención a esos electores que se ausentaron. Lo que sí es claro es que tenemos una pérdida neta de votantes. Se ha dicho que los electores decidieron castigar a los dos principales partidos, y en mayor medida al FMLN. Pero para hablar de castigo necesitamos tener los resultados de una próxima elección, que nos permitan decir que los que no le votaron al Frente en esta ocasión le votaron en 2019 o en la elección legislativa de 2021. Si eso ocurriera, que el FMLN recuperara 300 mil o 350 mil votantes, entonces sí podríamos decir que hubo un castigo.

Pero a falta de esa información, podemos manejar otra hipótesis: no hubo un voto de castigo, sino un fenómeno de desalineamiento. Esto significa que los electores que tradicionalmente votaban al FMLN no volverán nunca más, se desalinean, se salen de la línea del voto partidista. Y no es que se van a otro partido, sino que ya no votan. Podemos pensar que este es el fenómeno, porque la caída de votos por el Frente viene ocurriendo desde hace años; ahora ha sido más agudo.

Lo mismo puede estar pasando en el caso de Arena. Ya hay cerca de 60 mil votantes que pierde este partido. A lo mejor algunos se han ido a GANA o al PCN. En ese caso, hablaríamos de un realineamiento: electores que votaban a Arena dejan de hacerlo y se decantan por otro partido.

Y también están los que votaron nulo. ¿Qué les llevó a rechazar la oferta? Tenemos los llamados del alcalde de San Salvador [Nayib Bukele, aún en el cargo en el momento en que se realizó la entrevista] y de algunas organizaciones a votar nulo. Probablemente, el primero estaba tratando de hacer una medición de su fuerza. La incógnita es si esos que no votaron por el Frente más los que votaron nulo estarán significando un apoyo para una tercera alternativa. Si así fuera, todo este bloque estaría, en realidad, realineándose.

Al final, las tres hipótesis que podemos manejar son que hubo un voto de castigo, un desalineamiento o un realineamiento.

 

A su juicio, ¿el descontento ciudadano, el voto nulo y el ausentismo son los ganadores de las pasadas elecciones?

No, la que realmente ha ganado algo es la derecha partidista. Porque, en conjunto, ahora ha dejado en un posición de irrelevancia política al FMLN. Y desde ese punto de vista, tienen un poder que les permitiría controlar todas las instituciones que dependen de una elección que ocurra en la Asamblea. La derecha puede dejar afuera al Frente.

Ahora bien, simbólicamente se da ese fenómeno de que los electores pueden impactar en los resultados, y que el vínculo con el partido no es tan directo. En la relación partido-electores, ha habido un avance de la ciudadanía.

 

A partir de ese avance simbólico, ¿se podría afirmar que la ciudadanía ha madurado políticamente y que su comportamiento del 4 de marzo representa un quiebre en la tendencia electoral? ¿O solo fue una respuesta coyuntural a la situación del país y al desprestigio de la política en general?

Puede haber sido una respuesta coyuntural. Pero si lo vemos en tendencia desde 2012, por la introducción del voto por rostro, creo que hay un proceso de maduración en un sector de la población. No vamos a decir que en toda la ciudadanía, porque sigue habiendo mucha gente que vota por un partido de manera desinformada y por pura simpatía. Sin embargo, sí podemos afirmar que hay un proceso de maduración que va avanzando lentamente.

Y es que en la medida en que las organizaciones sociales sigan vigilando a los funcionarios, porque ahí también hemos avanzado, se posibilita cierta maduración; por lo menos, se ve en los ciudadanos que han estado interesados en la política. Hay otros que van a votar por tradición y porque es un deber. El mundo de los electores es diverso. Por esto, no podemos decir que la ciudadanía ha madurado, pero sí hay que reconocer que un sector está aprendiendo a usar los instrumentos que le da el sistema.

 

Algunos analistas, tomando como referencia datos de encuestas, aseguraban que la elección la definirían los llamados “votos duros”. ¿Esto se cumplió?

En cierta forma, sí, porque los dos partidos principales han perdido votantes; solo el Frente ha perdido cientos de miles de votos. Si el escenario es de desalineamiento, o sea, la gente que votaba al Frente o a Arena ya no lo hará, lo que tenemos es un comportamiento del electorado en una dirección no esperada, pero que ha sido crucial en el resultado. Nadie se esperaba semejante baja en la votación de ambos partidos. Y, bueno, en el caso de los partidos pequeños, ha votado su voto duro.

Otro escenario que sería importante analizar, y habría que registrar estadísticas más finas para profundizar en ello, es que se hayan mantenido los electores, pero los nuevos, los jóvenes que cumplieron 18 años, no fueron a votar. Esto sería un problema y explicaría por qué no sube la votación. Si ha bajado en términos netos la participación electoral, quiere decir o que salieron votantes tradicionales, pero entraron estos nuevos; o que no han logrado entrar votantes nuevos en cantidades importantes. En esto es importante indagar, porque si el fenómeno tiene un componente demográfico, entonces estamos en una situación más crítica: a medida que vayan saliendo los electores mayores, que son los que probablemente han estado votando todo este tiempo, la pérdida de votos de los partidos irá aumentando.

 

Considerando las repercusiones político-electorales de esta elección, con la disminución de votos para el FMLN y Arena, y el deficiente desempeño del Tribunal Supremo Electoral, ¿en qué estado queda el sistema político?

El Tribunal es el más golpeado; y todavía le falta una elección. Se tiene que replantear, de nuevo, toda la institucionalidad electoral. La que tenemos se creó con los Acuerdos de Paz. Hay que hacer un rediseño, pensando si conviene o no separar las dos principales funciones del Tribunal: la jurisdiccional y la administrativa; y definir cuál sería el papel de los partidos en la función administrativa.

Sin embargo, no solo es un tema de diseño institucional, que hay que trabajarlo. También se requiere que los partidos, los funcionarios y las instituciones operen para resolver los problemas que aquejan a la población. Si esto no mejora, el descontento puede terminar canalizándose para acabar con la institucionalidad. Ese sería el peor escenario. O empezamos a resolver de verdad todos estos problemas o es posible que vayamos ya en una caída, sin retorno, hacia una especie de anarquía, donde cada quien hace lo quiere.

 

Hace poco más de un año, en este mismo espacio, hablamos de lo que entonces algunos consideraban una “crisis del sistema político”. En ese momento, usted destacó la importancia de que la sociedad civil “organizara el descontento” para “utilizar las posibilidades que el sistema ofrece”. A la luz de los resultados de las elecciones del 4 de marzo, ¿se organizó el descontento?

Acá hay dos elementos. Uno es que se utilizó conscientemente el mecanismo electoral para expresar el rechazo. Ahí podemos decir que se han utilizado las posibilidades que da el sistema. Pero de ahí a afirmar que se haya organizado, no. Eso sigue siendo una tarea pendiente. Más bien lo que podemos sacar de las elecciones es que efectivamente hay un descontento importante que podría estar expresado en los que no fueron a votar y los que votaron nulo, casi medio millón de electores. Este potencial es el que justamente está tratando de organizar el alcalde de San Salvador [Nayib Bukele]. Por eso vemos que sus acciones tienen algún eco en sectores de la sociedad. Creo que sí se está caminando hacia un proceso de organización del descontento que tendrá una expresión partidista. Ahora falta el proceso de inscripción para poder competir ya sea en estas elecciones de 2019 o en las siguientes. Sin que esto signifique que sea la mejor opción, está encontrando organización el descontento. Si ahí se va a sumar todo el descontento, eso no lo podemos saber en este momento.

 

Pero si el descontento es tan profundo como parece, también se podría salir de control y caer, entonces, en aquello de “cualquiera, menos los de siempre”.

El problema es que se trate solamente del descontento sin acordar cuál es el proyecto y cuáles son sus raíces en la sociedad. O si solo es una multitud: se va sumando gente, pero sin que haya tejido organizacional. Incluso, puede construirse un partido con direcciones territoriales, pero que son simplemente la suma de individuos que están cumpliendo requisitos para competir en elecciones. Puede tener un resultado favorable y ganar, por ejemplo, una elección presidencial. Pero ¿de dónde sacarían a todos los funcionarios que requiere el aparato estatal? Ni el FMLN, siendo un partido de ya muchos años, logró colocar gente de su estructura en todos los puestos; siempre se ha contado con gente externa.

El partido para eso sirve, para controlar quiénes llegan a los cargos. Pero ¿cuándo no existe eso? Entonces, ahí es donde pueden aparecer los oportunistas. Ven una oportunidad en el descontento, que pueden llegar a ocupar cargos públicos para seguir haciendo lo que hacen los políticos y funcionarios tradicionales: aprovecharse del puesto para enriquecerse o favorecer sus intereses personales o de grupos particulares.

Ahorita no podemos decir que ese canal, que está encontrando expresión en un movimiento que busca organizarse en términos partidistas, realmente tiene vínculos con organizaciones sociales de donde puedan salir los representantes, ya sea para ocupar cargos de elección popular o en gobiernos. Ahí hay un componente que puede ser aprovechado por gente con buena o mala intención. “En río revuelto, ganancia de pescadores”. ¿Quiénes son los que están pescando? No lo sabemos.

 

¿Se acerca el fin del bipartidismo?

No hemos tenido bipartidismo. Siempre estos dos partidos [Arena y el FMLN] hacen hablar de bipartidismo, pero no lo hemos tenido, ni siquiera ahora. Para hablar de bipartidismo, uno de los dos partidos tiene que tener la posibilidad de controlar la mayoría legislativa. Esto no ha pasado desde 1988, cuando la democracia cristiana perdió la mayoría que tenía en la Asamblea. Desde entonces hasta la fecha, ni uno de los dos partidos más grandes lo ha logrado, por eso necesitan a los otros partidos.

Lo que sí puede estar pasando es que el predominio de Arena y el FMLN esté llegando a su final, que estemos en un proceso en el que estos dos partidos van a ir perdiendo votos; y uno los está perdiendo más aceleradamente que el otro. Si pensamos en una ciudadanía más activa y Arena llegará a controlar todo, incluyendo la Presidencia de la República, y aprobara medidas antipopulares, estoy seguro de que en la siguiente elección le pasaría lo mismo que le ha ocurrido al Frente. El que estaría ganando, en ese sentido, sería el que desde la oposición esté canalizando todo ese descontento, y es en esa medida en donde sí podemos estar ante el fin del predominio de estos dos partidos.


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Comentarios

Juan Gilberto Ramirez H.
09/05/2018 08:06:44 PM




Lo que influyó poderosamente en la abstención y el voto nulo fue el llamado que hizo Nayib Bukele con ese fin. En otros países democráticos la abstención llega al 70 por ciento. En nuestro país en que la mayoría de la población carece de la cultura mínima de lo que es y para qué sirve el voto no es de extrañarse que la abstención crezca. También hay que considerar el desencanto de los indecisos que dicen ni FMLN ni ARENA . Eso explica por qué el PCN añorado por la tercera edad votó por ellos y así ganaron más diputados. No sería raro que el PCN resurja y se convierta en la tercera fuerza política en las elecciones de 2019.Los políticos dicen que "en la política nada está escrito en piedra" Hasta ahora la gente cree que bipartidismo es la existencia de solo dos partidos muy fuertes, como ocurre en Estados Unidos.Esperamos que en El Salvador se mantenga este tipo de cosas para bien del pueblo.



Deysi Cheyne
06/05/2018 05:41:28 AM



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Refundar el Estado salvadoreño No puede ser el peor escenario. Si la población está harta de este sistema político, entonces la tarea histórica es la revolución. No le tengamos miedo a esta palabra ni a esta posibilidad.



Mario
05/05/2018 09:40:26 AM



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Me parece que el mensaje mas importante es que el espectro político de derecha de la población es más solido que el apoyo a una orientacion progresista y más solidaria en el país. El bloque de derecha conservador es leal al partido arena, mas "leal" que el voto al progresismo, si ahi se alineaba el fmln.




Álvaro Artiga

Álvaro Artiga (Foto: Dirección de Comunicaciones).





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