En El Salvador, la movilidad diaria y la percepción del espacio público demuestran desigualdades que afectan principalmente a las mujeres, esto es evidente en el transporte público, en las calles y en el espacio público en general. Estos lugares se transforman en espacios de miedo, inseguridad y riesgo durante sus desplazamientos cotidianos.
En este sentido, la planificación territorial con enfoque de género se presenta como una respuesta necesaria para transformar estas condiciones, pues en este enfoque se reconocen las experiencias y necesidades de las mujeres en estos espacios, así como también busca visibilizar las desigualdades existentes, y la creación de territorios más seguros e inclusivos.
La planificación surgió como práctica institucional, como profesión y como teoría a mediados del siglo XX, en forma concomitante con el nacimiento de las Naciones Unidas y de instituciones dedicadas a la reconstrucción. En la Conferencia de Punta del Este, celebrada en 1961, se aprobó la creación de la Alianza para el Progreso, con el objetivo de “mejorar la vida de todos los habitantes del continente”, lo que dio impulso a la puesta en marcha de gran parte de las entidades de gobierno dedicadas a la planificación del desarrollo en la región. (CEPAL, 2015).
Según la CEPAL (2015):
El contexto global de la planificación y de la gestión pública en el mundo actual está marcado por la existencia de acuerdos planetarios en torno a las prioridades del desarrollo, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) hasta 2015 y de ahora en adelante los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. En estos acuerdos se cristaliza una visión del mundo deseado, se señalan las prioridades que es preciso atender e incluso se proponen líneas de estrategias y formas de conseguir los propósitos trazados. (p.11)
En este sentido, a partir de estos instrumentos surge la necesidad de visibilizar y trabajar en las problemáticas relacionadas con género. Específicamente relacionado con el ODS 5, que se orienta a la igualdad de género, y el ODS 11, enfocado en la construcción de ciudades y comunidades sostenibles. Estos lineamientos nos permiten identificar la importancia de trabajar con enfoques inclusivos, por ejemplo, en la movilidad cotidiana y el acceso al espacio público de las mujeres. Es así, como la planificación con enfoque de género se vuelve necesaria para identificar las desigualdades que experimentan las mujeres en su movilidad diaria y promover territorios seguros y accesibles para toda la población.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de estos instrumentos internacionales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de los esfuerzos de una planificación más inclusiva, aún existen desafíos para las mujeres con respecto a la movilidad y uso del espacio urbano. En muchas de las ciudades actuales siguen existiendo desigualdades que afectan de manera diferenciada a las mujeres. De hecho, la arquitecta Zaida Muxí señala que las ciudades han sido diseñadas históricamente desde una perspectiva masculina, dejando de lado las necesidades cotidianas de las mujeres. (La Sexta, 2020).
Es decir, en la planificación solo se ha pensado en responder a las necesidades y trayectorias de los hombres. Para las mujeres, aún persiste el peligro en el sistema de transporte público y también en el espacio público. Estos aspectos evidencian la necesidad de fortalecer la planificación con enfoque de género que transforme las desigualdades persistentes.
Según Jirón y Zunino (2017):
La movilidad, mirada desde un enfoque de género, es una relación social y política, ya que conlleva relaciones de poder. Además, la movilidad urbana ocurre en el espacio público de la ciudad donde se juega la organización de la vida colectiva, se generan identidades, interacciones sociales y sentidos de pertenencia, siendo así las acciones que articulan el funcionamiento de esta, y en tanto tal, posibles motores hacia la integración e inclusión social.
La movilidad urbana forma parte de la vida cotidiana de las mujeres, pero no ocurre de manera igualitaria para ellas, ya que muchas han experimentado violencia y acoso durante estos desplazamientos, principalmente en el transporte público.
En El Salvador, el 90.1% de la población utiliza el transporte público. Sabemos que una movilidad libre y segura garantiza el acceso a otros derechos fundamentales: como la salud o la educación. Sin embargo, no se dispone de una movilidad segura, especialmente para las mujeres, ya que el 90% de las mujeres ha mencionado que ha sufrido acoso sexual o ha visto cómo otra mujer ha sido acosada en el transporte público. Las denuncias de violencia sexual contra las mujeres reportan como segundo lugar de mayor incidencia el espacio abierto y el transporte público; mientras que, en el caso de la violencia física, con incidencia en los mismos espacios, el 71% de las denunciantes fueron mujeres entre los 19 y 55 años. (FUSADES, 2015).

La violencia y el acoso que enfrentan muchas mujeres también se extienden al espacio público en general. Las calles, paradas de autobús, terminales y otros espacios urbanos son espacios de miedo y vulnerabilidad, principalmente para las mujeres. Esto evidentemente limita la forma en que las mujeres habitan y se desplazan por las ciudades. En este sentido, COAMSS/OPAMSS (2020) señala que el espacio público, es un espacio físico complejo, pero sobre todo una construcción social, que no puede reducirse a limitadas categorías tipológicas tradicionales; más bien, son espacios flexibles que tiene la oportunidad de diversificarse, expandirse en características y funciones a fin de cumplir con las necesidades de convivencia y construcción de ciudadanía y al mismo tiempo solventar problemáticas urbanas.
Lo que demuestra que la igualdad de género y la inclusión deben ser consideraciones fundamentales en el diseño y la gestión de los espacios públicos, sean estos grandes parques o espacios barriales. Las mujeres, al igual que todos los miembros de la sociedad, merecen sentirse seguras y bienvenidas en cada ciudad, parque y plaza de su ciudad. Esto requiere un enfoque deliberado para abordar sus necesidades y preocupaciones específicas. (Enríquez, 2024)
Pero ¿cómo abordamos estas preocupaciones especificas desde una planificación territorial con enfoque de género?, a través de superar las formas tradicionales de planificación que invisibilizan las desigualdades de género, como las existentes en la movilidad y uso del espacio público, para aportar a la construcción de territorios más justos, seguros e inclusivos.
En este sentido, Volio Monge (2008) señala que:
La planificación con perspectiva de género toma en cuenta los múltiples roles de las mujeres en la sociedad y en los distintos sectores de la economía por los que discurre su vida y reconoce que esto tiene consecuencias sobre las posibilidades de participación que tienen las mujeres. Por ello, uno de los objetivos de este tipo de planificación es formular y desarrollar actividades que tiendan a eliminar estas barreras. La planificación, desde esta perspectiva, reconoce e impugna la desigualdad y realiza actividades para atender las necesidades materiales y prácticas de las mujeres, pero, además, sus intereses estratégicos. Con ello, este tipo de planificación contribuye a impulsar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres y a democratizar tanto la vida doméstica como la sociedad. (p. 109)
En conclusión, como lo han mencionado algunas autoras, las ciudades tienen género y son masculinas, pues estas ciudades han sido diseñadas desde una lógica que no considera las experiencias diferenciadas de género. Por lo tanto, en este escenario, la planificación con enfoque de género se vuelve fundamental para transformar los territorios en espacios más seguros e inclusivos. Deben incorporarse las necesidades, trayectorias y experiencias de las mujeres, y por supuesto, la creación de políticas públicas más justas y efectivas donde todas las mujeres, niñas y adolescentes puedan movilizarse y habitar el espacio urbano en condiciones de dignidad y seguridad.
Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2015). El estado del arte y los retos de la planificación en América Latina y el Caribe. https://repositorio.cepal.org/entities/publication/d66c8560-d2ba-428f-a1af-5ffae8f01076
COAMSS/OPAMSS. (2020). Conceptualización y tipología de espacios públicos en el AMSS. https://opamss.org.sv/wp-content/uploads/2020/12/2.Conceptualizaci%C3%B3n%20y%20Tipolog%C3% ADa%20de%20Espacios%20P%C3%BAblicos_AMSS.pdf
Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2016). Territorio e igualdad: planificación del desarrollo con perspectiva de género (Manuales de la CEPAL No. 4). https://www.cepal.org/es/publicaciones/40665-territorio-igualdad-planificacion-desarrollo-perspectiva-genero
Enríquez, M. E. (2024). Espacio público: un aliado indispensable de la salud mental. Diario El Mundo. https://diario.elmundo.sv/ampArticle/espacio-publico-para-todas?amp=1
Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social. (2015). Prevención del crimen en el transporte público en El Salvador. https://fusades.org/publicaciones/prevencion-del-crimen-en-el-transporte-publico-en-el-salvador?utm_source=chatgpt.com
Jirón, P. y D. Zunino Singh (2017), “Movilidad Urbana y Género: experiencias latinoamericanas”, https://www.researchgate.net/publication/317603363_Dossier_Movilidad_urbana_y_genero_experiencias_latinoamericanas_en_Revista_Transporte_y_Territori o_organizado_por_Paola_Jiron_y_Dhan_Zunino_Singh
Muxí Zaida (2020). Las ciudades tienen género y sí, es masculino. La sexta [Video]. https://www.youtube.com/watch?v=eEa-dp7d4eI
Volio Monge, R. (2008). Género y cultura en la planificación del desarrollo. Fundación Canaria para el Desarrollo Social (FUNDESCAN). https://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/libro_genero_y_cultura-2.pdf