El neoliberalismo no es solo un modelo económico con políticas y estructura organizativa de la economía, más bien es un acontecimiento multidimensional, como lo señala Valenzuela Feijóo (1991). Tiene tres principios fundamentales (Feijoo plantea cinco postulados, pero se han tomado los más relevantes de acuerdo al autor del artículo): a) filosofía económica: correspondiente a legitimar todo aspecto de omnipotencia del mercado como del capitalismo, estilo pentecostalino a la máxima potencia, b) Política económica: la “neutralidad” del aparato del Estado sobre la no intervención en la economía, es decir no intervenir entre las relaciones de los capitalistas y el resto de personas, c) Patrón de acumulación: siendo esta la estructura de cómo funciona la economía, surgiendo de las condiciones materiales de la sociedad en la que opera.
En El Salvador, a partir de los años 90, con el culmen de la guerra y el fin de la década perdida, a partir del desgaste del modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) y el modelo agroexportador, se importan los postulados de Reagan, Thatcher, chicago Boys, pulcros personajes de la historia mundial. Es así como una sociedad desgastada por la guerra se inmiscuye en una fase perfecta para la instauración de un modelo económico y político que alejará a las masas de un entendimiento conjunto y colectivo del accionar político; ingredientes perfectos para la tripartita que describe Feijoo: Filosofía neoliberal-política económica-patrón de acumulación.
Los procesos de liberalismo económico estuvieron a la orden del día: privatización de la banca, de las telecomunicaciones, de las pensiones, de la distribución de energía, la dolarización, reducción del Estado, etc. En relación con la instauración de las políticas económica neoliberales, ciertos autores señalan que se brinda una segunda acumulación originaria de capital, que permite a las grandes empresas hacerse de un excedente mayor a costa de la generación de valor de la clase trabajadora.
Ahora bien, por qué decimos que El Salvador sigue viviendo en una era neoliberal o posneoliberal, o si se quiere ver de otra forma mas ortodoxa de economía política, aunque se poseen argumentos para describir la organización del país en un neoliberalismo “cool” juvenil. Bueno en primer lugar las base y cimientos de una economía del hambre ha sido lo que se ha priorizado en términos económicos.
Mauro Marini (1973) plantea la relación del capital y el trabajador como una dialéctica del hambre. En El Salvador, se paga un salario de hambre que se ha visto maquillado en los últimos dos años por la dinámica de las remesas. El ingreso real de las familias, al deflactarlos con el IPC, de acuerdo a la encuesta de hogares de propósitos múltiples, desde el año 2021 (omitiendo 2020 por ser un año fuera de lo normal), paso de $552 en el año 2019 a $542 en el año 2023; sin embargo, en los últimos dos años creció a $584 en el año 2025 (BCR, 2025), un ingreso real nunca antes visto. No es casualidad que las familias posean mas para consumir, ya que las remesas tienen una tasa de crecimiento acumulada en el mismo período de 10% en promedio.
Las remesas representan el 27% del PIB. Durante el año 2025 las remesas fueron US$9,987 millones vs un PIB estimado de US$36,708 millones. La tasa que las remesas aportan a la economía ha pasado de 21% en el 2019 a 27% en el 2025 (BCR, 2026). El auxilio externo es evidente y no es porque la dinámica de la economía sea rentable, sino que los salarios de hambre en el país no permiten el despegue de la economía, y es un círculo vicioso que se mantiene y mantiene al país en una relación de superexplotación del trabajo. El Salvador exporta vidas e importa divisas y el ciclo continúa para mantener a flote al país en un modelo de desposesión. 
Se destaca que las remesas están destinadas principalmente para completar los salarios en el país; esto es así en primer lugar, por la incapacidad de la economía de orientar inversiones en sectores productivos y en segundo lugar, porque la inversión extranjera directa (IED) está orientada al sector terciario. Ya que al cierre del año 2025 fue US$474 millones (preliminar), y estuvo dirigida:
Los procesos que mantienen intacto el modelo están a flor de piel: un continuismo a conservar las condiciones de acumulación de capital, con un sistema excluyente donde el 92% del PIB está comprometido en deuda total, el estancamiento progresivo de los salarios, y una super explotación del trabajo, encaminado al mercado mundial, tratando de ser competitivo con bajos salarios.
Bajo esa vía de desposesión de las masas empobrecidas, es crucial comprender de forma dialéctica el tema de las pensiones (aunque no se trate de forma profunda en el presente artículo), un tema central que poco se debate y poco se trata, pero esta supeditado a lo que pasa y cómo se desarrolla el mercado laboral: bajos salarios, baja inversión en sectores claves, niveles de escolaridad que mueve a las personas al sector informal y al “emprendedurismo” tercermundista, no al estilo Schumpeteriano.
La narrativa de “emprendedurismo”, palabra mal empleada desde un enfoque epistemológico. Es la confirmación de forzar a la clase más desposeída al mercado informal a falta de empleos dignos. Mientras tanto el gran capital se beneficia de exenciones fiscales por medio de leyes que no benefician a los más empobrecidos: zonas francas, emisión de activos digitales, bitcoin, fondos de inversión, fomento a la innovación y manufactura tecnológica, desarrollo y renovación del Centro Histórico, etc. Beneficios fiscales como estructura del quehacer económico continuo al estilo del rebalse que nunca rebalsa.
Destaco lo que menciona Diego Guerrero (2006) en el resumen del capital y es que la ganancia (los beneficios del capital) es el factor determinante de la producción misma, y por lo tanto de la distribución misma. La inversión en el país, de acuerdo con el PIB por el método del gasto, ha crecido de US$6,464 millones en 2023 a US$8,849 millones en 2025, un salto del 37%, pero si se profundiza en qué áreas se ha crecido, básicamente crecen unos cuantos sectores: construcción para una especulación inmobiliaria alejada de la realidad material de los salvadoreños, los bancos crecen en la rama de préstamos, son quienes mantienen el consumo de la sociedad y por lo tanto el comercio.
En el contexto actual de El Salvador, la dinámica de la inversión tanto privada como pública revela patrones que refuerzan la permanencia de un modelo económico excluyente. La inversión privada se orienta principalmente hacia sectores que no impulsan la generación de nuevas tecnologías ni fomentan mejoras en industrias clave, lo cual limita el potencial transformador sobre las condiciones materiales de la población y restringe la capacidad de innovación del país. Este enfoque contribuye a la perpetuación de estructuras productivas poco competitivas y dependientes de la extracción de plusvalía absoluta, sin aportar avances significativos en investigación o desarrollo.
Por otro lado, la inversión pública ha presentado una trayectoria irregular en los últimos años. En 2025, experimentó un crecimiento notable del 25%; sin embargo, en 2024 disminuyó un 14% y en el año anterior cayó un 2%. Esta falta de trazabilidad y continuidad en la inversión pública cuestiona la eficacia de las políticas implementadas y evidencia la ausencia de una estrategia clara que permita consolidar la acción estatal como un motor de desarrollo económico y social. A pesar de estas fluctuaciones, se ratifica la inexistencia de una política de largo plazo. Manteniendo al Estado como agente económico irrelevante, que se dedica a obras grises y consolidar la estructura desigual, favoreciendo la ganancia de capital por sobre los salarios.
En suma, la concatenación de inversiones privadas en sectores poco innovadores y de inversiones públicas sin trazabilidad definida, refleja la persistencia de un modelo que prioriza la acumulación de capital y la competitividad basada en bajos salarios, sin atender las necesidades fundamentales de la sociedad salvadoreña ni promover alternativas inclusivas y sostenibles. La necesidad de plantear un cambio en el modelo económico se convierte en una base esencial para la clase obrera, estudiantes, campesinos, amas de casa y toda la sociedad salvadoreña. Sin embargo, esta posibilidad parece distante cada vez que se inicia una discusión sobre las alternativas al sistema vigente.
Como señala Saramago (2002), la vía para desmontar el neoliberalismo radica en el desarrollo de la consciencia. Por su parte, Diego Guerrero (2006) sostiene que la realidad social es la que genera y explica la consciencia, mientras Gramsci (1975) advierte que la hegemonía burguesa se interioriza, forjando sujetos domesticados que reproducen los valores del sistema dominante.
Buscar una alternativa al modelo excluyente actual, que desvaloriza al trabajador, implica la organización política de masas. No obstante, cada vez que se reflexiona sobre este proceso, parece que la meta se aleja más, especialmente ante la falta de convergencia política, económica y filosófica del sujeto salvadoreño como colectivo. Hay que quitarse el velo de la ignominia gubernamental, que el sesgo patológico de los “representantes del pueblo” no sea un impedimento para el debate y los temas que más nos conciernen a los salvadoreños como colectivo social político.
Referencias Bibliográficas
Banco Central de Reserva de El Salvador. (2026). Estadísticas macroeconómicas y cuentas nacionales: Sector externo y Producto Interno Bruto. https://www.bcr.gob.sv
Banco Central de Reserva de El Salvador. (2025). Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM). Gobierno de El Salvador.
Duménil, G., y Lévy, D. (2010). Crisis y renovación del capitalismo. Siglo XXI Editores.
Gramsci, A. (1975). Cuadernos de la cárcel (Vols. 1–6). Ediciones Era.
Guerrero, D. (2006). El capital resumido: Resumen y comentario del libro I de El capital de Karl Marx. Maia Ediciones.
Marini, R. M. (1973). Dialéctica de la dependencia. Serie Popular Era.
Saramago, J. (2002). El cuaderno de Saramago: Ensayos y artículos de opinión. Alfaguara.
Superintendencia del Sistema Financiero. (2026). Informe estadístico del sistema financiero: Cartera de préstamos y consumo. Gobierno de El Salvador. https://www.ssf.gob.sv
Valenzuela Feijóo, J. (1991). El neoliberalismo: Metamorfosis de una crisis. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa.